En el mundo actual vemos como se
está produciendo una expansión cada vez más brutal de las empresas
distribuidoras y como estas van adquiriendo cada vez un mayor tamaño y un mayor
peso en el mercado. Casos como los de Mercadona, Carrefour o Alcampo demuestran
como el comercio actual ha pasado de pequeños centros especializados a grandes
superficies comerciales en donde se vende una gama gigantesca de productos.
Este
fenómeno ha suscitado enormes controversias en todos los ámbitos. Uno de los
grandes debates que ha planteado es el de la limitación de horarios para
preservar, en la medida de lo posible, los pequeños comercios. Los defensores
de esta medida argumentan que, si no hay límites en los horarios, los pequeños
comerciantes (panaderos, carniceros etc.) se verán forzados a no descansar
nunca o a cerrar ante la imposibilidad de competir contra las grandes
superficies comerciales. Más allá de la certeza de estos argumentos cierto es
que el comercio tradicional es cada vez más reducido.
Sin
embargo, frente a este fenómeno, no siempre es necesario exigir leyes
prohibitivas, sino que la asociación de los pequeños puede dar a un grande. De
esto quería hablarles hoy en día: de cómo la unión de pequeños distribuidores
puede hacerles competitivos en el mercado. Y el caso concreto de este fenómeno
es el grupo IFA.
El
grupo IFA es una central de compras formada por pequeños empresarios dueños de
centros comerciales alrededor de toda España. Ante la imposibilidad de competir
con los grandes centros comerciales en términos de precios (pues no comparaban
suficientes unidades de producto al fabricante como para acceder a “rappels”)
decidieron unirse en una central de compras que aglutinase toda la demanda de
sus miembros. La idea es simple pero efectiva, pues cada supermercado indica a
la central que cosas comprar y esta hace un único gran pedido al fabricante
(por ejemplo Coca-Cola) consiguiendo mejores condiciones y obteniendo una
posición más fuerte a la hora de negociar. Después de esto la central
distribuye el producto entre los mercados para que estos puedan venderlo a un
precio competitivo.
Mantener
un buen canal de distribución es clave en marketing y, desde el punto de vista
del minorista, es imprescindible un fuerte poder de negociación con las dos
partes con las que interactúa. En el caso de las grandes empresas, esto es
fácil pues tienen numerosas técnicas para negociar (pueden aprovechar que
venden quesos de siete proveedores distintos para poner el tuyo en el sitio más
recóndito e inaccesible si no les ofreces buenas condiciones, por ejemplo). En
el caso de las empresas pequeñas, es más difícil adquirir poder negociador y es
por ello por lo que estrategias como la creación de centrales unificadas de
compras suelen ser una opción muy buena para reforzar su posición y adquirir
mayor peso en el mercado.

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